
Mandé mi cadillac al mecánico ese día, hace tanto tiempo que en verdad lo merecía y dubidú, bip bip. Tan buen hit! Tan gran éxito y acierto musical de Roberto Carlos. Pero tan tremendo, tortuoso y doloroso cuando se convierte en una realidad. Mi bólido, mi palomo, mi perlita, ya está medio descompensado, un tanto fatigado.
Digamos que con él he andado muchos caminos y cuneteado muchas veredas. Solía ser un auto de lujo. De hecho, cuando lo recibí de manos de mi generosa abuela Concha (por eso se apoda perlita), todavía tenía los forros plásticos en su interior ¿Muy Sasá? Filo. Era cuasi nuevo de paquete, con todos los extras, full equipo. Acolchado, amoblado, limpio y albo rutilante. Su claxon era de antología y hasta le llevaba un plumero en el interior para sacudir cualquier mugrecita (cuán precavida es mi abuela).
Pero, como diría el poeta: “cualquier tiempo pasado fue mejor”. El móvil es hoy una tenue sombra de lo que solía ser. No da más, está por colgar los bototos, se le echó la yegua, se le calentaron las balatas, clotió. Si no pregúntenle a mi otrora grupo de taller, que sufrió los embates de circular por La Reina con el bólido FÉTIDO a bencina. Era cosa de prender un fósforo para que el “palomo” ardiera en llamas y yo saliera cual Stalone corriendo por las callecitas de Santiago escapando de mi Chevy.
Hace un par de semanas osé poner la pata fuera de mi casa un viernes en la noche y al perla se le calentaron las balatas. Tuve que partir a la bomba más cercana a ver si el olor a asado venía del capó de mi móvil. Y así no más fue. En resumen: 4.000 en agua destilada para apagar el incendio en los patios interiores de mi auto.
Yo pensé que el episodio quedaría en eso, pero no! El otro día fui adquirir onerosos artilugios al Laider. Después de varios sueldos sin cobrar me tocaba salida a la boutique, así es que partimos, Chevy y yo. La cosa iba viento en popa, o en proa más bien, porque el destello que deja el Chevy al pasar es bastante suculento. Pero iba.
“Monté mi cacharrito a una gran velocidad de diez millas por hora recorrí por la ciudad”. Recién en vespucio mi fiel compañero empezó a dar síntomas de malestar. A la altura de la Escuela Militar (la media trepá!!!, op cit leighton) las potrancas de los guarda¿parques? empezaron a pasar a mi vículo. No fue una, fueron dos, fueron tres! Oh my god, chevy me traicionó en Vespucio, clamé. Pero no. Como el móvil me conoce me fue fiel hasta llegar al antro de consumo.
Igual no más que el vil bastardo me apuñaló por la esparda en la salida. Iba yo de reversa mami (perdón pero no puedo evitar la referencia musical), y el muy bosta se quedó parado en todo lo que es salida del hipermercado. El perla me traicionó. Apenas logré echarlo andar, después de varios bocinazos y gritos neuróticos-pitudos, encendí la transistor (en realidad la casete, porque la radio no funciona) y resonó en los parlantes “All by myself”. Será un presagio? Si alguien lee esto, por favor llamen a emtiví para que me enchulen mi máquina!!!