Hay cosas que te ayudan a disimular todo tipo de excesos. Chalequitos, chaquetitas, polleritas y hasta pantimediass que te permiten ocultar los desenfrenos cometidos a la hora del buen comer. Todas prendas sentadoras, pret a porter, accesibles y combinables. Hasta Patronato’s o Lider’s (léase laiders) boutique venden colecciones completas que favorecen el look de cualquier simple mortal. Y todavía más, a vuelo de pájaro pasarían por confecciones de alta costura y, claro está, alto costo.Pero ni el glamour de Lider, ni el exclusivo Patronato y mucho menos los grandes diseñadores han logrado confeccionar trajes de baños sentadores. Ni hablar de bañadores que en lugar de mostrar oculten los embates del sedentarismo, trajes de baños misericordiosos que se apiaden de la víctima que deberá lucirlos cual Shamú en la orilla de la mar.
La mayoría de los diseñadores son hombres, por lo que pedirles que entiendan cuán incómodo puede ser el modelito playero es casi imposible. Además, el paso de los años resulta tortuoso. La vergüenza y el pudor van aumentando en forma perfectamente proporcional al número de velitas que aparecen en la torta. Si de menor una corría feliz por dunas y toallas ajenas intentando ser la mejor croquiescalopa, la escena se volvería dantesca 20 años después. Aunque pensándolo bien, la croquiescalopa podría ser la alternativa para ocultar todo aquello que no merece ser mostrado.
En el estío es cuando me cuestiono por qué no nací en el medio oriente, o por qué Valentino no ha creado todavía una burka chic digna de ser imitada en el borde costero.Con la llegada de Evo al poder, y por ende la arremetida de la Bolivian fashion, pensé que ahí podía haber una solución. Llegó la hora de chalecos multicolores, ponchos de alpaca y quizás hasta ojotas del tahuantinsuyo, pensé. La esperanza estaba puesta en la colección primavera verano, pero después reparé en que si había una prenda que no sería incluida en la colección boliviana esa sería el traje de baño.
Sé que la repelencia a lucir lo propio es una sensación compartida por muchas féminas pudorosas. El problema es que nadie toma acciones al respecto, nadie ha iniciado un sumario interno, nadie ha empezado el debido proceso. Quizás la ballena del Támesis tenía esa noble intención, pero ya ven: zozobró.
Por lo pronto, y a modo de protesta, esta Shamú no visitará la mar. Empiezan las vacaciones bolivianas.







