23.9.07

Los Zanetta al desnudo

Después de varias jornadas sin postear ni un suspiro y ante el insistente reclamo de algunos fanáticos, he decidido volver, claramente no como la rolliza Britney (porque si uno tiene esos jamones, ciertamente no los luce en escena). Pero eso es harina de otro costal.
En fin, el regreso se debe a un nuevo y exhaustivo análisis de mi núcleo familiar, mirado a través del prisma habitual del humor. Porque si bien he descrito en innumerables ocasiones las instancias lúdico-afectivas que envuelven a mi casa-habitación, nunca hasta el momento he dedicado un post sólo al humor familiar, que por cierto nos ha dado tantos momentos de alegría y júbilo.
Así por ejemplo, podemos empezar enumerando algunas prácticas comunes en mi casa y que son motivo de jolgorio. Entre ellas la de los bailes sabatinos, actividad que por cierto lidero a modo de preparación para cualquier evento social que le lleve dancing. Basta un par de compases para que el grupo familiar se deslice con soltura ya sea en el living, la cocina o la pieza de “los niños”. De ahí que luego nos luzcamos en fiestas varias. Cabe hacer un paréntesis para recordar aquella fiesta colmada de axé en La -Dehesa, cuando acaparamos miradas y aplausos por doquier.

La cosa es que contrario a lo que muchos piensan, yo no bailo sola. El más talentoso en el arte de menear la humanidad es Rafael, un creador incansable de pasos coquetos, llenos de sensualidad. El Marlén de mi hogar. El último hit, “la vecinita”, es una de las especialidades que con más soltura maneja hoy por hoy. Y ni hablar del talento que sin par derrocha cuando baila “Sweet Caroline”, como el Rey. Si lo viera la lola de turno, cae rendida a sus hediondos pies.
Ahora, si Gonzalo baila, nos reímos el doble. El espigado niño tiene un vaivén de caderas tan paupérrimo que causa hilaridad en el entorno. Su “paso del canguro” está bastante cerca del chachachá de Antonio Vodanovic o del bamboleo de Bonvallet.

Otra práctica habitual es el desarrollo de las novedades, léase, el pelambre. Ya está instaurado que a la vuelta de los panoramas, cada cual llega con su mercancía a la cocina, lugar donde en medio de un picoteo agradable, transamos los bienes noticiosos recogidos durante la jornada. Labor en la cual, sin duda me destaco. Que la fulana pololea, que el mengano está ad portas del idilio y que a sutano se lo vio bien acompañado en el último evento, son sólo “breves”. Las novedades más morrocotudas son siempre un buen dulcecito para dormir bien. Así es que procuramos no llegar a la casa hasta no haber reporteado lo suficiente.

Otra actividad irrisoria solían ser los almuerzos familiares en casa de abuela Concha y aunque ahí el grupo se nutría con el aporte de las niñitas Correa, seguimos hablando de la misma familia. Las lolas, todas treintonas y gritonas compartían con nosotros, sus adorables primos chicos, sus aventuras y desventuras. No era raro que en tales coloquios yo terminara cantando a capella el Ave María o que alguno sufriera el ataque de los “calzones chinos”. Este milenario arte consiste en tirar con violencia del elástico posterior de la prenda íntima, sufriendo los estragos de la estrechez. En fin, mucho detalle.
Pan de cada día es también la comida entretenida. Concepto de una noñez única, pero que busca potenciar la motricidad fina, que tanta falta le hace a Gonzalo. Así por ejemplo, un plato de papas o de salchichas son los menús idóneos para desarrollar este futuro deporte olímpico. Es generalmente Rafael quien arroja algunos de estos comestibles al familiar a elección, quien deberá reaccionar rápido y atrapar ya sea el tubérculo o la vienesa. Innumerables han sido las ocasiones en que Gonzalo no ha podido atrapar el objeto.
Y como es inevitable circunscribir el humor sólo a la propia morada, muchas han sido las ocasiones en que los mensajes de texto nos han ayudado a hacer menos tediosa la jornada laboral o universitaria. Así, no falta el mensajito picarón que se cuela por tu celular en medio de una entrevista y que te informa de la última copucha o que viene colmado de palabras en ecuatoriano que sin mayor esfuerzo te arrancan una carcajada. Más si son chismes frescos del día.

Claramente podría seguir enumerando un lote variopinto de instancias colmadas de humor que se desarrollan a diario en calle Ginebra, pero el ojo censurador de mi familia me impidió agregar detalles aun más sabrosos y carnudos sobre las rutinas que se dan en la intimidá del hogar. En todo caso, siempre msn puede servir para responder nuevas e inquietas consultas. Todo lo que digan de mi, aclaro desde ya, es de falsedad absoluta dado que como sabrán, encarno la seriedad en el hogar.

7.12.06

Ella trabajaba en Torres Gemelas

A pesar de que consiste en un aporte externo (gracias JP), me vi en la obligación de darle a este video el lugar que merece. "Delfín hasta el fin" es el vate de nuestros tiempos. Es el Dante de nuestra era. El aguerrido rapsoda que se inserta en el dolor para generar aún más dolor. Un video que clama por la inmortalidad y ¡desde la mitad del mundo! Qué más se puede pedir? AY Dios!!!!!!!!!!!

PD: La letra es de un nivel técnico insuperable. Ni hablar de su histrionismo.

5.12.06

Marchelo

Ayer surcábamos junto a mi madre y mi padre las callecitas de Providencia, cuando Elena (otrora Pattyjelen) me conminó a realizar un acto de grandeza: escribir sobre Marchelo, mi progenitor. Y en realidad me pareció tentador. Porque mal que mal, el cano y justo varón me ha sabido heredar todo lo que un buen padre le hereda a su descendencia: un léxico insufrible lleno de arcaísmos y términos rebuscados, virtudes demodé y una curiosa afición por el aseo.
Pero partamos por el principio. Andrés Marcelo es el hijo mayor de Luis y Olga primera. Pero además es el nueve años mayor cónyuge de Elena. La abrupta diferencia de edad entre ambos hace que el caballero luzca un tanto añoso al lado de la siempre jovial Helen. Ahora, si consideramos que Marcelo tiene todo el pelo blanco desde los 25 años, entenderemos por qué a Gonzalo (mi hmno), en su más tierna infancia sus compañeritos de jardín le preguntaban por qué todos los días lo iba a dejar su abuelito. Tampoco es de extrañar entonces, que en mis fotitos de recién nacida, aparezca yo, rosadita y frágil, junto a mi madre también rosadita y nada de frágil y atrás un canoso caballero, alias, mi padre.
Marchelo es cuadrado y anticuado. Es de esos que habla de lo más formal y saluda de quiubo al joven que te pasa a buscar. Si el mancebo lo pilla lavando los platos, no encontrará nada mejor que extenderle su peludo antebrazo en señal de saludo. Y si por esas inescrutables e infortunadas razones del destino ambos entablan una conversación, habrá que hacer una manda para que a mi padre no se le salgan frasecitas dignas de anticuario como “estate atento” o “el Supremo Hacedor” (refiriéndose al Magnánimo). Ni hablar de palabras chulas por definición, que el caballero, en pro de la corrección, usa a diario. “Patty, la comida te quedó sabrosa”, es pan de cada día en el léxico de mi padre. Y cómo olvidar sus otrora clásicas despertadas, en las que vociferaba a todo lo que da un sutil “niños, despiértense, llegó la aurora”. No es de extrañar entonces que el senil se escandalice cada vez que Gonzalo dice “groserías”. Si al pobre cabro se le sale un Pamela Diaz, Marchelo no dudará en replicar “¿Qué es eso, Gonzalo?” y métale coscacho.
Marchelo es de esos que llega siempre media hora antes a cualquier evento, no vaya a pasar por impuntual. Ya era tradición en Ecuador que Rosarito Zanetta llegara PRIMERA al colegio Los Pinos. Haciendo incluso que la señora que cuidaba (alias la guachimana, del inglés watch man) saliera con una toalla amarrada en la cabeza a abrir el portón luego de mi frenética insistencia con el timbre. “Rosario, pide que te abran, que vamos a llegar tarde al colegio de los niños (6:15 a.m)”, gritaba desde su móvil mi neurótico padre.
Es ahorrativo, por no decir de frentón cagado. Se come toda la comida en la mesa “para que no se pierda” y cada vez que te compras un pantalón te recuerda que el que tiene puesto tiene 3 años y lo obtuvo en una liquidación de liquidaciones.
Pero igual Marchelo es sensible. Es cosa de recordar el pretérito pudiente en el Ecuador, cuando en su roñoso pijama, Marcelo lloraba con un programa de la Televisión Española (más intolerablemente dulzón que un berlin) y que se trataba de reencuentros familiares. Es irreproducible el momento cuando entraba al estudio la olvidada hija de un añejo matrimonio y Marcelo estallaba en un llanto tal que provocaba el jolgorio familiar.
La que no lo ha pasado nada bien con los lloriqueos, es Pattyjelen. En más de un matrimonio ha tenido que pasar la vergüenza de ver a su consorte romper en llanto cuando ve a la novia entrar a la Iglesia. Da lo mismo si no conoce a la criatura. Marcelo llora. Da lo mismo si no conoce al difunto. Marcelo también llora.
Así es Marchelo. El caballero alto, flaco y buena figura (en sus términos), que desata la lujuria entre las octogenarias cultoras del crochet y fervientes seguidoras de la naftalina. El desconsiderado varón que te llama a las 8 am para preguntarte por la boda de la noche recién pasada (de cajón es el comentario del tipo “Rosaria, así es que tuviste matrimonio?” con tonito inquisidor). El intachable, famélico y longevo especimen que teclea exclusivamente con sus dedos anulares. El siempre cano caballero que limpia con una danzarina todo moho que pueda distinguir. El insólito cónyuge de Pattyjelen, y digno jefe del hogar. Título netamente honorífico, porque me imagino que ya todos saben quién corta el queque. Así es Marchelo. Mi padre.

Marcelo: Tus descargos a mi celular, después de las 12 p.m.

7.10.06

Tenemos una tía, la tía....

tias
Hoy sábado me preparo para un evento de antología: no, no estoy hablando de jugar Conquest y conquistar Yakutia. No, este sábado hay boda familiar. Tal como puse algunos días atrás, mi prima Mane se casa y yo me apronto para ver el desfile de personajes emparentados.
Porque así como mi familia nuclear está un tanto chalada, mis tías más lejanas simplemente son personajes de comedia. De partida, Pattyjelen tiene 50 primas aprox., por lo que la selecta fauna es más variada que el Paseo Ahumada.
Para empezar tenemos a la M.E. Simplemente es la más divertida. Hace tiempo que yo no la veía y debo decir que el reencuentro fue glorioso. Hace un par de semanas coincidimos en la casa de la “Tía Concha” (mi abuela) y debo admitir que nos reímos de buena gana. Es que la mujer por Dios que habla divertido. La M.E. juega Bridge y goza viendo películas. Según sus confesiones “la Jennifer López y la Salma Hayek trabajan regio”, además de ser “exuberantes”. Pero lejos lo más solazado de la tía en cuestión es cuando habla de sus hijos. “B. tenía siempre la escoba en su pieza, ¡qué roto más desordenado!”, exclamó en medio del frugal vituperio. Para luego preguntar “¿Cierto mamá?”, a su octogenaria madre. Rafael, Gonzalo y yo sólo nos mirábamos. ¡Qué rota más simpática!
Pero así como la M.E. es sinónimo de moderación, la V. es todo lo contrario. La sra. debe tener sus 60 años y se viste cual Paulina Rubio. Hay días en que saca trajecitos de dos piezas blancos con aplicaciones doradas, las que brillan con su platinado pelo y sus anteojos de Elvis. Los cinturones a lo Martín Vargas son simplemente el accesorio ad hoc.
Su lugar favorito es por lejos el Jumbo. Es ya una clásica escena eso de estar eligiendo rosadas frutitas y escuchar tu nombre y un garabato de grueso calibre a todo lo que da. Obvio, está la Tía V. De antología es la escena cuando M.E conversaba un día en el Jumbo con Pattyjelen a un volumen contenido. En eso ven venir a la V. y M.E. con pasitos coquetos arranca a perderse, mientras se despedía cual reina Isabel. “Patriiiiiiiiicia, huevona”, retumbó con voz F.M. en el hypermercado del paquidermo.
En el rubro de Tías de mi madre, también hay material lúdico. La infaltable tía Chita que todos tienen en mi caso vino en versión Tony Caluga. La sra. es un bufón. De hecho, cuando nos visitó en Ecuador nos demostró que el humor no tiene edad. Un ejemplo al boleo es un dato práctico: la aristocrática mujer confesó usar los calzones un día por el derecho y al día siguiente por el revés para no tener que lavarlos a diario. Acto seguido fuimos al monumento de la mitad del mundo y producto de una traviesa ráfaga su pollerita se voló, quedando como Marilyn, con los churrines al revés en pleno equinoccio ecuatoriano y ella riéndose hasta decir basta. A la tía Chita también la vimos hace poco, cuando a grito pelado le gritó a Rafael en plena avenida El Bosque “cuidado con las mujeres”, provocando carcajadas de los parroquianos que se aprontaban a oír Misa.
Y esto es sólo una muestra. Siempre está la tía Mónica, que en pleno Eleodoro Yañez le bajó el pantalón (y sin querer sus “slips”) a Gonzalo cuando era chico, dejándolo a “pot pelé” en plena avenida capitalina. O la querida y difunta Chachita, dueña de los juanetes más grandes que he visto en mi vida. Y por el rubro de los varones saca la cara el tío Rafa con su visera a base de frondosas cejas y un lunarcito de carne que lo precede, hecho con un kilo de posta fresca.
Ojalá que hoy vayan todos los chiquillos. Después les cuento cómo estaban los cabros y cómo se veían sandungueando en todo lo que es casorio.

PD: Manita y Josito, parabienes varios.

17.9.06

God save the King

elrey5
Las cosas últimamente han cobrado un sentido lógico que jamás nunca habían tenido. Vamos viendo. Desde siempre he querido que en mi boda (si es que hay tal) la fiestoca se inicie con los gráciles compases del galeón español entonado por el mismísimo Pato Zúñiga (más conocido como Tommy Rey).
Bueno, resulta que hace algunos días una amiga mía de la universidad, cuyo nombre omitiré para evitarle la golpiza, llamó efectivamente a Don Pato. Le pidió una entrevista, a la que el buen hombre accedió con sin par disposición. Pero cuando llegaba la hora de afinar los detalles del contrato para mi eventual nupcia, la reportera en cuestión echó el glúteo para las moras y no finiquitó el convenio.
Listo, ya no quiero a Tommy Rey en mi boda. Esto porque descubrí al verdadero Rey. Y lamentablemente Tommy, el de siempre, queda chico. El nuevo Rey es simplemente EL REY! Elvis, El amo de Memphis, etc etc etc.
He aquí el génesis de una relación que sé que durará para toda la vida. Resulta que como mis 10 y 8 ya no son lo que solían ser (todo tiempo pasado fue mejor), ahora me dedico a buscar videos por youtube en lugar de danzar al son de la sonora de Peumo en las fondas de la 6ta región. Bueno, después de haber visto a Myriam Hernández deslizándose como las diosas en “lo mejor que me ha pasado” o de escuchar a la melodiosa Kate Bush en Wuthering Heights, llegué al clímax de mi vida. Sí, descubrí al REY.
Ahora entiendo por qué desde siempre Forrest Gump fue mi película favorita. Obvio! Ahí Forrest le enseña a rocanrolear a Elvis (recordemos que al igual que yo, Forrest tenía piernas ortopédicas). Ahora entiendo por qué me gustó tanto Lilo y Stitch. Obvio Lilo es fanática del Rey. Ahora sé por qué le tenía tanto aprecio a mi escolar amiga Elvis. Y también capto por qué me corté el pelito. Si me faltan sólo las chuletas para verme como el Patriarca de Memphis. Y sobre todo, ahora sé por qué gustaba tanto de Cecilia. Si es cosa de ver que La Incomparable intérprete de Puré de papas usaba exactamente el mismo atuendo que El Rey en sus presentaciones. Por Dios! You were always on my mind!!! On my suspicious mind.
El que haya visto bailar al Rey Sweet Caroline no tiene otra opción que rendirse a sus pies, admirarlo con pleitesía e intentar en vano imitar alguno de sus contoneos. Hay que decirlo, el hombre hace sólo un paso en toda la canción y por Dios que tiene majestuosidad. Es una ceremonia de cortejo nunca antes vista. Ni hablar de sus pelitos en el pecho, ni de su sonrisa coquetona. Si hasta tiene un ojo más chico que el otro! Y un jopito que ya se lo quisiera cualquiera de las contertulias de mi abuela en la peluquería. Como diría una tía: “¡Qué roto más simpático!”. Y no es pa menos: ES EL REY!!!
paul-mccartney

Y bueno, cuando yo estaba deleitándome como por undécima vez con el zandungueo del trovador de Tupelo, llega Pattyjelen y me dice: “Eran mejores los beatles”. Casi me sobrevino el soponcio. PEro una vez reintegrada, de forma compasiva busqué un videito de Paul (no viene al caso la historia de aquella que le puso al perro “POR”, por “POR MAGARNY”). Y lo que encontré fue un hombre desgarbado al frente de un piano entonando YESTERDAY. Pa que no me saboteen el blog, reconozco que la canción es buena. Pero su puesta en escena es paupérrima al lado de la del rey. Paul habría hecho el loco bailando Yellow Submarine. En cambio Elvis le habría subido el pelo absolutamente. Por algo los Beatles fueron a ver a Elvis a California y no fue El rey el que viajó a Liverpool… Filo. No importa. Igual El rey es EL REY. Y hasta ahora no he visto a nadie bailar con más estilo. Quizás Sandro, pero Elvis canta en inglés… Simplemente Elvis Aaron me robó el corazón.