Hoy sábado me preparo para un evento de antología: no, no estoy hablando de jugar Conquest y conquistar Yakutia. No, este sábado hay boda familiar. Tal como puse algunos días atrás, mi prima Mane se casa y yo me apronto para ver el desfile de personajes emparentados.
Porque así como mi familia nuclear está un tanto chalada, mis tías más lejanas simplemente son personajes de comedia. De partida, Pattyjelen tiene 50 primas aprox., por lo que la selecta fauna es más variada que el Paseo Ahumada.
Para empezar tenemos a la M.E. Simplemente es la más divertida. Hace tiempo que yo no la veía y debo decir que el reencuentro fue glorioso. Hace un par de semanas coincidimos en la casa de la “Tía Concha” (mi abuela) y debo admitir que nos reímos de buena gana. Es que la mujer por Dios que habla divertido. La M.E. juega Bridge y goza viendo películas. Según sus confesiones “la Jennifer López y la Salma Hayek trabajan regio”, además de ser “exuberantes”. Pero lejos lo más solazado de la tía en cuestión es cuando habla de sus hijos. “B. tenía siempre la escoba en su pieza, ¡qué roto más desordenado!”, exclamó en medio del frugal vituperio. Para luego preguntar “¿Cierto mamá?”, a su octogenaria madre. Rafael, Gonzalo y yo sólo nos mirábamos. ¡Qué rota más simpática!
Pero así como la M.E. es sinónimo de moderación, la V. es todo lo contrario. La sra. debe tener sus 60 años y se viste cual Paulina Rubio. Hay días en que saca trajecitos de dos piezas blancos con aplicaciones doradas, las que brillan con su platinado pelo y sus anteojos de Elvis. Los cinturones a lo Martín Vargas son simplemente el accesorio ad hoc.
Su lugar favorito es por lejos el Jumbo. Es ya una clásica escena eso de estar eligiendo rosadas frutitas y escuchar tu nombre y un garabato de grueso calibre a todo lo que da. Obvio, está la Tía V. De antología es la escena cuando M.E conversaba un día en el Jumbo con Pattyjelen a un volumen contenido. En eso ven venir a la V. y M.E. con pasitos coquetos arranca a perderse, mientras se despedía cual reina Isabel. “Patriiiiiiiiicia, huevona”, retumbó con voz F.M. en el hypermercado del paquidermo.
En el rubro de Tías de mi madre, también hay material lúdico. La infaltable tía Chita que todos tienen en mi caso vino en versión Tony Caluga. La sra. es un bufón. De hecho, cuando nos visitó en Ecuador nos demostró que el humor no tiene edad. Un ejemplo al boleo es un dato práctico: la aristocrática mujer confesó usar los calzones un día por el derecho y al día siguiente por el revés para no tener que lavarlos a diario. Acto seguido fuimos al monumento de la mitad del mundo y producto de una traviesa ráfaga su pollerita se voló, quedando como Marilyn, con los churrines al revés en pleno equinoccio ecuatoriano y ella riéndose hasta decir basta. A la tía Chita también la vimos hace poco, cuando a grito pelado le gritó a Rafael en plena avenida El Bosque “cuidado con las mujeres”, provocando carcajadas de los parroquianos que se aprontaban a oír Misa.
Y esto es sólo una muestra. Siempre está la tía Mónica, que en pleno Eleodoro Yañez le bajó el pantalón (y sin querer sus “slips”) a Gonzalo cuando era chico, dejándolo a “pot pelé” en plena avenida capitalina. O la querida y difunta Chachita, dueña de los juanetes más grandes que he visto en mi vida. Y por el rubro de los varones saca la cara el tío Rafa con su visera a base de frondosas cejas y un lunarcito de carne que lo precede, hecho con un kilo de posta fresca.
Ojalá que hoy vayan todos los chiquillos. Después les cuento cómo estaban los cabros y cómo se veían sandungueando en todo lo que es casorio.
PD: Manita y Josito, parabienes varios.
Porque así como mi familia nuclear está un tanto chalada, mis tías más lejanas simplemente son personajes de comedia. De partida, Pattyjelen tiene 50 primas aprox., por lo que la selecta fauna es más variada que el Paseo Ahumada.
Para empezar tenemos a la M.E. Simplemente es la más divertida. Hace tiempo que yo no la veía y debo decir que el reencuentro fue glorioso. Hace un par de semanas coincidimos en la casa de la “Tía Concha” (mi abuela) y debo admitir que nos reímos de buena gana. Es que la mujer por Dios que habla divertido. La M.E. juega Bridge y goza viendo películas. Según sus confesiones “la Jennifer López y la Salma Hayek trabajan regio”, además de ser “exuberantes”. Pero lejos lo más solazado de la tía en cuestión es cuando habla de sus hijos. “B. tenía siempre la escoba en su pieza, ¡qué roto más desordenado!”, exclamó en medio del frugal vituperio. Para luego preguntar “¿Cierto mamá?”, a su octogenaria madre. Rafael, Gonzalo y yo sólo nos mirábamos. ¡Qué rota más simpática!
Pero así como la M.E. es sinónimo de moderación, la V. es todo lo contrario. La sra. debe tener sus 60 años y se viste cual Paulina Rubio. Hay días en que saca trajecitos de dos piezas blancos con aplicaciones doradas, las que brillan con su platinado pelo y sus anteojos de Elvis. Los cinturones a lo Martín Vargas son simplemente el accesorio ad hoc.
Su lugar favorito es por lejos el Jumbo. Es ya una clásica escena eso de estar eligiendo rosadas frutitas y escuchar tu nombre y un garabato de grueso calibre a todo lo que da. Obvio, está la Tía V. De antología es la escena cuando M.E conversaba un día en el Jumbo con Pattyjelen a un volumen contenido. En eso ven venir a la V. y M.E. con pasitos coquetos arranca a perderse, mientras se despedía cual reina Isabel. “Patriiiiiiiiicia, huevona”, retumbó con voz F.M. en el hypermercado del paquidermo.
En el rubro de Tías de mi madre, también hay material lúdico. La infaltable tía Chita que todos tienen en mi caso vino en versión Tony Caluga. La sra. es un bufón. De hecho, cuando nos visitó en Ecuador nos demostró que el humor no tiene edad. Un ejemplo al boleo es un dato práctico: la aristocrática mujer confesó usar los calzones un día por el derecho y al día siguiente por el revés para no tener que lavarlos a diario. Acto seguido fuimos al monumento de la mitad del mundo y producto de una traviesa ráfaga su pollerita se voló, quedando como Marilyn, con los churrines al revés en pleno equinoccio ecuatoriano y ella riéndose hasta decir basta. A la tía Chita también la vimos hace poco, cuando a grito pelado le gritó a Rafael en plena avenida El Bosque “cuidado con las mujeres”, provocando carcajadas de los parroquianos que se aprontaban a oír Misa.
Y esto es sólo una muestra. Siempre está la tía Mónica, que en pleno Eleodoro Yañez le bajó el pantalón (y sin querer sus “slips”) a Gonzalo cuando era chico, dejándolo a “pot pelé” en plena avenida capitalina. O la querida y difunta Chachita, dueña de los juanetes más grandes que he visto en mi vida. Y por el rubro de los varones saca la cara el tío Rafa con su visera a base de frondosas cejas y un lunarcito de carne que lo precede, hecho con un kilo de posta fresca.
Ojalá que hoy vayan todos los chiquillos. Después les cuento cómo estaban los cabros y cómo se veían sandungueando en todo lo que es casorio.
PD: Manita y Josito, parabienes varios.