18.6.06

La belleza de hablar

(Como el colapso estructural me tiene seca y sin postear, les pongo por mientras un posteo inédito que encontré en mis archivos. Ya volveré).

El otro día chateaba por msn (bah! qué raro) y mi madre veía lo que estaba escribiendo (bah! qué raro). De repente puse la palabra “UTENSILLO”, según yo, de forma impecable. Madre se sobresaltó y clamó cordura a los cielos. ¡Tosca, no se escribe así! Y métale ataque de risa.
Bah!, dije yo, será con c…. Fue ahí cuando, a mis 22 primaveras, me vine a enterar que en realidad la palabra era UTENSILIO. Y aunque reconozco mi ignorancia, encuentro que mi versión del término es tanto menos chula. No encuentran acaso que UTENSILIO es de lo más fruncido? Qué psiútico!
Pero en fin. Fue así como recordé variados episodios en torno al lenguaje, al léxico, a los vocablos y a las voces latinas y griegas. Sin ir más lejos mi mejor amiga escolar ecuatoriana, decía que había que ayudar a los “DROGADITOS”, jamás supo que en realidad eran “DROGADICTOS”.
En todo caso eso no es nada en comparación con las frases de mi pequeña hermana Cote. La cabra chica, por ejemplo, no “pierde la noción del tiempo”, pierde “la emoción del tiempo”. A la Cote no le gustan los wantanes o los pretzels, le gustan los taiwanes y los prezlers. La Cote no va a bosques de árboles milenarios, va a bosques de árboles millonarios (y después dicen que no hay que corregir el modelo económico!). Y esta es la mejor de todas: “Rosario, cómo se le decía de forma chula al poto?” (Nótese el grado de profundidad de nuestras conversaciones) Núcleo? No Cote, glúteo. Ah!! Eso.
Que la Cote se equivoque es pan de cada día, pero que el erudito Gonzalo (mi otro hmno) lo haga es motivo de festín para la tropa de iletrados que vivimos con él. Una vez, cuando me estaba entrenando en el arte de conducir (y conducir al perlita!! Q.E.P.D.), me fue encomendada la misión de ser la chofer del cabro. Como buena hermana mayor, partí a buscarlo a la casa de un amigo y, de forma amable, me interesé por saber si había disfrutado su estadía en la morada de su contertulio. Cuál sería mi sorpresa al describirme él la casa habitación que había visitado. “La casa era chora, era muy erótica”, dijo con soltura. Oh demonios! Lo dejé en una casa Granate (su tributo a Mirna, ver Machos). En una casa de Cocottes. Oh mi Dios!! Con inusitada calma le pregunté: “¿Gonzalito, por qué era tan erótica la casa? ¿Qué tenía? Qué hacían?
A lo que mi “pequeño” hmno acotó: “no sé, tenían una imagen de buda, unas fuentes de agua, cosas así”. Claro! Gonzalo, antes de ser letrado como ahora había confundido la palabra “erótica” (del latín erotĭcus, y este del griego ἐρωτικός) con el vocablo “exótica” (también del latín exotĭcus, y este también del griego ἐξωτικός).
Ahora, como diría Humbertito, me azalta una duda. Si Gonzalo me dice que encuentra “exótica” a una chiquilla, qué me querrá decir verdaderamente?