Como algunos de uds. sabrán, este semestre me encuentro cursando (si el Supremo Hacedor así lo dispone), mi último semestre universitario. Algo así como el fin de mis mejores años.Gracias a una ingeniosa treta, trampa, artificio, artimaña, apliqué la propiedad asociativa de la suma a mis ramos optativos. Por eso, este semestre tengo prácticamente sólo clases en otras facultades. En otras palabras, juego de visita.
Tras intensos períodos de observación en las facultades ajenas, primero buscando “ganado” y luego buscando a cualquier persona que haya escuchado la lambada, creo haber descubierto características singulares de mis compañeritos. A continuación el detalle.
Facultad de Arte:
Sale una pequeña regordeta de una sala, en conjunto con su amiguita. La regordeta, luce sana, pero tiene su buena dosis de acné facial. Además se viste con motivos vomitados y camina a patita pelada por el campus. Es entonces cuando su amiguita le dice: “Te estaba mirando y ¿sabes qué palabra te describe?”. “No”, responde la musa de Botero. “¡Divina!”, acota la primera. PLOP.
Eso es la Facultad de Arte. O por lo menos, lo que veo de ella en campus Oriente. Las chiquillas se visten de formas simplemente curiosas, conversan de sus gatitos amigos que alojan en el Campus, bailan solas en los pasillos, y llegan a la Pontificia en bicicleta, para después cambiarse de ropa en los baños. Tanto es así, que le he conocido varios pares de
churrines a una chiquilla que mañana a mañana llega en buzo y después se calza sus bluejeans.Fue en clase de arte donde conocí a la Gisolle. Se sienta en el computador de al lado mío y es de lo más piola. Cuando el otro día me preguntó cómo me llamaba me di cuenta de que por fin hacía una amiga extra-facultad. Me sentí cual Milhouse. No!, cual hijo de Ned Flanders. No! Cual Rafa, en el capítulo en que le regala a Lisa la tarjeta de San Valentín (Cho cho chose me).
Facultad de Teología:

Midan sus comentarios porque es mi favorita. En esta Facultad se habla de Vespasiano, Flavio Josefo y de Antioco como quién habla de Pato y Carlita. La lengua oficial de este saber es el Griego Koyné, o en su defecto el Arameo. Todos los alumnos, o el 99% pertenecen a alguna comunidad religiosa. De hecho, la primera clase, después de decir que mi nombre era Rosario (tan ad hoc con la situación), me preguntaron a qué comunidad pertenecía. MMMM, comunidad de amigos de Daddy Yankee sirve?
En fin. En Teología a casi todos hay que tratarlos de hermanos/as; se manejan con una naturalidad en las tierras bíblicas, que hablar del Neguev, el Sinaí, Berseva (en rigor Bersheva), o el mar de Suf, es tan familiar como “Talca, París y Londres”; conocen al dedillo a cuanto personaje ancestral existe. Y por supuesto, si es que el “querido profesor” menciona un galeón, ninguno de ellos, jamás nunca lo asociaría con Tommy Rey.
Facultad de letras:
Profesora: Alumnos, alguno de uds. ha leído el Popol vuh?
(para mi sorpresa varias manos se levantan…)
Alumno: Yo profesora. El verano pasado, hice un estudio cruzado entre la Biblia, las Leyes de Manú y el Popol Vuh. Y tienen semejanzas asombrosas.
Francamente quedé epaté. Nadie se rió. Nadie lo encontró nerd. Nadie hizo un “saaaaaaa” y le pegó un cachuchazo en la cabeza. Bueno, eso es porque el diálogo anterior refleja sólo pálidamente lo que son los alumnos de letras. Sólo en letras uno puede escuchar preguntas por los “hemistiquios”, comparaciones entre Eknidú y Sancho, leer obras traducidas del acadio al español, gozar con la Teogonía y distinguir entre Eros el mayor y Eros el menor. Sólo en letras cuentan la métrica del Cantar de los Nibelungos. Sólo en letras se ríen cuando la profesora recomienda a las lolitas buscar goliardos. Y definitivamente sólo en letras el centro de alumnos te convida a algo así como un rito de iniciación llamado “El viaje del héroe”. Por la cresta, era hoy y no fui! Damn it!PD: Si alguno tiene un estudio acabado de otra Facultad, por supuesto que es bienvenido.











